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Chasing

 En una de las sesiones más crudas que tuve en terapia, Abi me miró fijamente y me preguntó: —¿Es así como quieres vivir? ¿Llena de ansiedad, de miedo, de angustia, sin poder conciliar el sueño? No esperaba esa pregunta. Jamás me había detenido a pensar en esa parte de mi vida. Lloré casi toda la sesión. Al salir, caminé sin rumbo durante una hora, con Danilo Stankovic de fondo, mientras una nueva pregunta me rondaba: ¿Realmente qué quiero? ¿Qué clase de vida deseo llevar? Han pasado ocho meses desde aquel día, y en todo ese tiempo me dediqué a reorganizar mi vida. Ha habido cambios de última hora, desorden, mucho polvo y me deshice de cosas que ya no me servían en absoluto. Hace dos días, mientras desayunaba sola y tranquila como cada mañana, me hice otra pregunta: ¿Este silencio es soledad o tranquilidad? Y ahí lo supe. Era la tranquilidad que tanto había rogado a Dios y al universo. Me di cuenta de que me habían escuchado, de que este respiro era la respuesta. Entonces recordé l...

Hasta siempre Héctor

 La tarde de ayer me despedí de un hombre que marcó mi niñez y gran parte de mi adolescencia. Ayer falleció el papito Héctor, un hombre a quien conocí cuando mi mamá se casó con su hijo. Yo tenía solo siete años. La noticia, de alguna forma, me impactó, aunque lo despedí tal cual lo conocí: tranquila y con una sonrisa en la cara. Sin embargo, con el paso de las horas, ya en la soledad de mi habitación y escuchando a Los Panchos, las palabras de su esposa no dejan de resonar en mi mente: “He perdido a mi compañero de vida”, repetía una y otra vez, para luego añadir entre sollozos: “Se fue para siempre… no espero la hora de reunirme con él”. Mi corazón, traicionero, me hizo arrojar una que otra lágrima que creí no debía derramar, pero allí estaban. Reflexioné entonces: mi papá perdió a su padre, pero esa mujer, que lloró desconsolada ayer y hoy toda la tarde, perdió algo más profundo. Perdió a su mejor amigo, al hombre que mejor la conocía, a su compañero de vida. Ese pensamiento me ...

¿El bueno o el malo?

Últimamente, he estado sumida en una reflexión que me consume: ¿quién tiene realmente la vida más difícil, el "bueno" o el "malo"? Y, en un plano más complejo, ¿por qué los que se consideran "malos" creen ser los "buenos", y viceversa? Desde niña, mi abuela me enseñó los valores y principios que definían lo que estaba bien y lo que estaba mal. Fue ella quien sembró en mí una brújula moral que aún guía mis decisiones. Hoy, esos valores son claros en mi mente y sólidos en mi corazón. Sin embargo, es inevitable enfrentar la pregunta de si una persona que conscientemente daña a su familia, a quienes son sus pilares, puede realmente considerarse "bueno". Porque si no eres capaz de honrar y respetar a aquellos que te han dado de comer, que te han acogido y apoyado, ¿cómo puedes esperar respetar a alguien más? De todas las personas que he conocido a lo largo de mi vida, al que más temo es aquel que, sin remordimiento, atraviesa los límites de ...

Changing

 Conforme pasaban los días, mi mente comenzaba a ir más rápido. ¿Es esto una consecuencia? ¿Una ventaja? Tal vez podría volverme más inteligente y utilizarlo a mi favor, pero de repente llegó ese momento en que se salió de control y no pude detenerla. No logré apagarla, no logré controlarla. Incluso en mis noches más pesadas, mi cabeza se llenaba de ideas y escenarios para resolver todos mis problemas. ¿Es esto desorden mental? ¿O es madurez? ¿Es esa toma de decisiones maduras a la que todos llegamos en cierto punto? ¿Cómo saber si estoy en lo correcto? ¿Cómo saber si esta vez no caeré y me equivocaré? ¿Cómo saber si he trabajado lo suficiente en mí misma para estar segura de que, si caigo, volveré a levantarme? No había manera de estar segura. Ahora agradecería tener una bruja, una bola de cristal, o al menos detener el tiempo… prolongarlo para poder pensar bien qué camino tomar. Sin embargo, lo que más me atormenta es saber que, aun si tuviera un año para reflexionar sobre una de...

Shoganai

 Hace unas horas me puse a pensar en lo difícil que es un rompimiento, las etapas de duelo que todos atravesamos. Al reflexionar sobre mi propia experiencia, me pregunté si realmente podía llamarlo una “ruptura de relación”. Y ahí fue cuando me quedé atónita, porque me di cuenta de que nunca estuve en una relación real. En realidad, estuve atrapada en un ciclo vicioso con un hombre del que, en algún momento, me enamoré profundamente. Él era mi talón de Aquiles, mi corazón, mi pasión,  un amor que solo yo entendía en toda su magnitud. Pero no lo culpo, en absoluto. De hecho, le estoy agradecida. ¿Por qué no lo culpo? Porque fui yo quien permitió que todo eso sucediera. Fui yo quien dejó que los años se deslizaran en ese vaivén interminable. Hace poco, conversaba con alguien que me pareció bastante cuerdo y maduro, y después de un largo intercambio, me dijo: “Creo que aún no estás lista para una relación”. A lo que le respondí: “No, no lo estoy. No tengo la intención de crear ni...

Seijaku

 Hace algunas noches, mientras estaba en cama, reflexioné sobre el amor propio. No desde la teoría, sino desde la práctica. ¿Cómo se ve realmente? ¿Qué implica? ¿Qué se hace y qué no se hace? Y, sobre todo, ¿por qué tantas personas creen que amor propio es salir a comer sola o disfrutar de tu propia compañía? Pensé en aquellos tiempos en los que solía hacerlo, pero sé que entonces no tenía ni una pizca de amor propio. Fue solo hace algunos meses que decidí ponerlo en práctica. He experimentado distintas formas de amor: el filial, el fraternal y el romántico. Y déjenme decirles, siempre he terminado decepcionada. Entiendo que el dolor es parte del proceso, que te empuja a crecer. Sin embargo, para alguien que, con solo veintisiete años, ha vivido tanto, la decepción causada por el egoísmo de otros es algo que no pienso tolerar más. Una tarde, sentada en mi sillón, con lágrimas en los ojos, decidí que ya no permitiría más tristeza ni faltas de respeto en mi vida. Ahí comenzó mi verda...

Más allá del mapa

Capítulo 2  Cuando llegué al aeropuerto de Madrid, la atmósfera me envolvió como un manto extraño. Los ecos de múltiples lenguas reverberaban en mis oídos, y la luz del sol filtrándose a través de las enormes ventanas daba un brillo casi surrealista al lugar. Cada rostro que pasaba a mi lado parecía contar una historia distinta, una vida en la que yo no tenía cabida. Fue entonces cuando me di cuenta de que el caos de esa nueva realidad iba más allá de las caras desconocidas. Al llegar a mi habitación de hotel, una confusión administrativa me llevó a un espacio donde, en lugar de la soledad anhelada, había dos camas adicionales. Miré alrededor, sintiendo la fría presión de la soledad. En ese instante, una oleada de nostalgia me golpeó con fuerza. Imaginé a mi madre y mis hermanos a mi lado, riendo y haciendo bromas, pero esa imagen se desvaneció tan rápido como apareció. Fue como si la soledad hubiera cobrado vida, envolviéndome en un abrazo gelido. Cerca de la cama había un pequeño...