Ir al contenido principal

Entradas

Changing

 Conforme pasaban los días, mi mente comenzaba a ir más rápido. ¿Es esto una consecuencia? ¿Una ventaja? Tal vez podría volverme más inteligente y utilizarlo a mi favor, pero de repente llegó ese momento en que se salió de control y no pude detenerla. No logré apagarla, no logré controlarla. Incluso en mis noches más pesadas, mi cabeza se llenaba de ideas y escenarios para resolver todos mis problemas. ¿Es esto desorden mental? ¿O es madurez? ¿Es esa toma de decisiones maduras a la que todos llegamos en cierto punto? ¿Cómo saber si estoy en lo correcto? ¿Cómo saber si esta vez no caeré y me equivocaré? ¿Cómo saber si he trabajado lo suficiente en mí misma para estar segura de que, si caigo, volveré a levantarme? No había manera de estar segura. Ahora agradecería tener una bruja, una bola de cristal, o al menos detener el tiempo… prolongarlo para poder pensar bien qué camino tomar. Sin embargo, lo que más me atormenta es saber que, aun si tuviera un año para reflexionar sobre una de...

Shoganai

 Hace unas horas me puse a pensar en lo difícil que es un rompimiento, las etapas de duelo que todos atravesamos. Al reflexionar sobre mi propia experiencia, me pregunté si realmente podía llamarlo una “ruptura de relación”. Y ahí fue cuando me quedé atónita, porque me di cuenta de que nunca estuve en una relación real. En realidad, estuve atrapada en un ciclo vicioso con un hombre del que, en algún momento, me enamoré profundamente. Él era mi talón de Aquiles, mi corazón, mi pasión,  un amor que solo yo entendía en toda su magnitud. Pero no lo culpo, en absoluto. De hecho, le estoy agradecida. ¿Por qué no lo culpo? Porque fui yo quien permitió que todo eso sucediera. Fui yo quien dejó que los años se deslizaran en ese vaivén interminable. Hace poco, conversaba con alguien que me pareció bastante cuerdo y maduro, y después de un largo intercambio, me dijo: “Creo que aún no estás lista para una relación”. A lo que le respondí: “No, no lo estoy. No tengo la intención de crear ni...

Seijaku

 Hace algunas noches, mientras estaba en cama, reflexioné sobre el amor propio. No desde la teoría, sino desde la práctica. ¿Cómo se ve realmente? ¿Qué implica? ¿Qué se hace y qué no se hace? Y, sobre todo, ¿por qué tantas personas creen que amor propio es salir a comer sola o disfrutar de tu propia compañía? Pensé en aquellos tiempos en los que solía hacerlo, pero sé que entonces no tenía ni una pizca de amor propio. Fue solo hace algunos meses que decidí ponerlo en práctica. He experimentado distintas formas de amor: el filial, el fraternal y el romántico. Y déjenme decirles, siempre he terminado decepcionada. Entiendo que el dolor es parte del proceso, que te empuja a crecer. Sin embargo, para alguien que, con solo veintisiete años, ha vivido tanto, la decepción causada por el egoísmo de otros es algo que no pienso tolerar más. Una tarde, sentada en mi sillón, con lágrimas en los ojos, decidí que ya no permitiría más tristeza ni faltas de respeto en mi vida. Ahí comenzó mi verda...

Más allá del mapa

Capítulo 2  Cuando llegué al aeropuerto de Madrid, la atmósfera me envolvió como un manto extraño. Los ecos de múltiples lenguas reverberaban en mis oídos, y la luz del sol filtrándose a través de las enormes ventanas daba un brillo casi surrealista al lugar. Cada rostro que pasaba a mi lado parecía contar una historia distinta, una vida en la que yo no tenía cabida. Fue entonces cuando me di cuenta de que el caos de esa nueva realidad iba más allá de las caras desconocidas. Al llegar a mi habitación de hotel, una confusión administrativa me llevó a un espacio donde, en lugar de la soledad anhelada, había dos camas adicionales. Miré alrededor, sintiendo la fría presión de la soledad. En ese instante, una oleada de nostalgia me golpeó con fuerza. Imaginé a mi madre y mis hermanos a mi lado, riendo y haciendo bromas, pero esa imagen se desvaneció tan rápido como apareció. Fue como si la soledad hubiera cobrado vida, envolviéndome en un abrazo gelido. Cerca de la cama había un pequeño...

Más allá del mapa

Capítulo uno  Desde hace aproximadamente nueve años, mi vida cambió radicalmente, fue un giro de 180 ​​grados. Pocos saben la travesía que atravesé para volver a sentirme en casa. No estoy segura por dónde empezar a contar mi odisea; quizás comenzar por el final pueda ofrecer un rayo de esperanza a quienes enfrentan dificultades diarias. Tal vez compartir que ahora estoy bien permita que otros se sientan identificados con algunas de las experiencias que narraré y que también han vivido. Cuando tenía dieciocho años, conocí a mi primer amor, una persona que dejó una huella imborrable en mi vida. Me enseñó a ver el mundo con otros ojos y me abrió el corazón a posibilidades que antes consideraban inalcanzables. Lo llamo mi primer amor no porque lo idealice, sino porque su influencia fue una chispa de inspiración que creó en mi, sueños que creía imposibles. No se confundan, esto no es una historia de amor, sino una reflexión sobre un consejo lleno de sensibilidad y verdad. No contaré to...

l’amour de soi

Tardé tanto en escribir este último blog porque pensé mucho sobre qué tema quería abordar, y entonces se me ocurrió hablar de miedos, más específicamente de patrones. Una de las cosas más duras y difíciles que me tocó vivir y superar fue la relación tormentosa que tuvieron mis padres. Muchos no lo creerán, pero eso se convirtió en mi miedo más grande: verme atrapada en una relación mediocre, en la que yo fuera el saco de boxeo físico o emocional de mi pareja, y quedarme en una relación que no me hiciera feliz, que no me llenara. Yo, que soy una romántica empedernida, me dolería mucho romantizar en mis escritos a un sujeto que me lastima. Es por eso que solo he enaltecido y tomado como estándar a una sola persona que, aún a pesar de todo, fue todo lo que mi padre no fue: un hombre. Siendo tan niña, me tocó ver a mi mamá llorar tantas veces que fue muy difícil borrar esa imagen de mi cabeza, de mis recuerdos. Superarlo fue algo muy complejo, y esa se volvió mi cruz. Perdonar a mi papá fu...

Sembuh

Hace días hice un video acerca de heridas de la infancia y me sorprendí la cantidad de personas que se sintieron identificadas, por una parte me sentí bien al saber que yo no era la única que “exageraba” pero al mismo tiempo me dio ganas de abrazar.  a cada una de las personas que comentaban. Fue entonces que recordé algo muy significativo para mí, muy personal, pero que tal vez aquellas personas que lo lean puedan sentirse comprendidas y encontrar un rayo de esperanza.  Cuando tenía 20 años conocí a mi primer amor, recuerdo que para entonces yo empezaba justo a escribir cosas más personales, mi toque de ficción, pero con pizcas de Ashly, una tarde me preguntó que hacía, le comenté de lo que escribía y me pidió  que se lo enseñé, yo me rehúse, pero al final accedí, cuando lo leyó me dijo ¿qué más pasó? Y le dije que no tenía final porque en realidad no sabía cómo quería que terminará, notó mi pena al hablar del tema y me hizo hablarlo constantemente, él solo se limitaba a...