Ir al contenido principal

Mahal kita

 Una mañana de la nada, la realidad me tocó tan repentinamente que no pude hacer más en todo el día que pensar en eso, "el amor".

¿Qué es el amor?, ¿cómo sabemos que es el amor?, ¿cuál es la definición correcta?, ¿si no es una teoría, en la práctica como se siente?, ¿cartas, flores, besos? Pero que más, me pregunto cómo lo sienten los hombres, como saben que están enamorados, recordé entonces a aquel chico que conocí una tarde de marzo cuando el verano ya estaba por acabar, lo que sentí por él era amor ¿qué como lo sé? No tengo idea, solo sé que lo amaba y cuando se acabó recordé que no quería nunca más volver a sentir eso porque era tan fuerte que me consumía, el no poder estar con él, me mataba, deseaba tanto que estuviéramos juntos, como parejas cotidianas. y tradicionales, que no entendía por qué a pesar de quererlo con todas mis fuerzas nunca lo logramos.
Luego me puse a pensar en otro tipo de amor, el amor paternal ¿cómo nace ese cariño de los papás hacia los hijos? A lo que mi mamá me contestó, se siente cuando lo ves nacer y crecer, entonces me cuestione el porqué hay papas que aún a pesar de verlos nacer y crecer no quieren a sus hijos, se enmudeció, entonces me puse a pensar que tal vez el amor crece con la construcción de dos personas que ponen un granito de arena, es decir tú me das tal y yo tal, el amor es una construcción que da forma a un lazo. Y volví a mi chico con el que compartí casi cinco años de mi vida y me pregunto a mí misma si no habíamos compartido lo suficiente como para construir algo sólido que denotará el amor y que pudiera salvar lo que teníamos y caí en la conclusión que hay amores más fuertes. que otros y que sin duda alguna ahora que se acabó y que lo vi tan diferente, entendí que el de nosotros no era así. Luego me puse a pensar en el segundo hombre del que me enamoré y caí en la conclusión de que no puedo ni siquiera pensar en el romanticismo con él, no sé por qué, es un amor más fresco, más maduro, un amor que me centro, que no idealice, que me dolió, pero que el dolor se sintió como un déjà vu. Ese fue un amor diferente, otro tipo de amor, que extraño pensé y retome mi hipótesis, si el amor es algo que se construye entre dos personas y que en ocasiones es más fuerte, significa que este amor tampoco fue lo suficientemente grande para que siguiera en mi vida. Así que por último pensé en el amor propio, otro tipo de amor diferente, no sé como se alimenta, ni como crece, un día mi terapeuta Abigaíl me dijo: ¿por qué todo ese amor que le das a otros no te lo das a ti misma?, ¿por qué bajas la luna y las estrellas por alguien cuando estás enamorada y no lo haces por ti? No lo entendí, yo lo haría por mí, le contesté, a lo que ella me respondió rápidamente ¿por qué no empiezas ya? Desde entonces estoy en eso, descubriendo que significa ese tipo de amor, ya he probado diferentes tipos de amor y me he dado cuenta de que no me hacen del todo feliz, que no son siempre suficientemente grande o fuerte para sostenerme cuando todo se torna difícil. u oscuro, desde esa noche que me dijo tal cosa, estoy probándome a mí misma, que puedo con todo, que mi amor es fuerte, que tal vez si enseño como me amo y que tan fuerte y resistente es mi amor, pueda aparecer alguien que ame con el mismo tipo de intensidad, y si apareciera entonces ese sería un tipo de amor desconocido, pero que aún a pesar de todo me da felicidad por conocer en algún momento de mi vida cuando termine de explorar el amor propio.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Samsara

Mientras pasaban los días, me preguntaba qué sentía realmente. En medio del caos, de la pena, de la confusión, comencé a necesitar entender el origen del golpe que me dio esta situación. Una tarde, en terapia, Abi me dijo: —Una no puede entenderse si antes no ve de dónde viene ese dolor, esa frustración. ¿Es mi culpa? Tal vez. Cuando tenía seis años, recuerdo a mi papá rompiéndole la boca a mi hermano, o pegándole con una soga. Yo, inmóvil, paralizada por el miedo, por el dolor ajeno, por los gritos de él y los míos, sin poder hacer nada. Hablar de mi hermano es otro tipo de dolor. Así como alguna vez hablé de los tipos de amor, ahora quiero hablar de los tipos de dolor que he sentido a lo largo de mi vida. A los 16, vi a mi hermano mayor, mi superhéroe, mi mejor amigo empezar a perderse en un mundo tan oscuro que ni el sol de verano podía iluminarlo. No había claridad para él. Su dolor se convirtió en el mío. El dolor de mi mamá al verlo así también se volvió parte de mi cruz. A los 2...

Cigarette daydreams

Hace pocos días, mientras hablaba con unos viejos amigos, nos pusimos a recordar     como siempre pasa en esas conversaciones largas y llenas de pausas todo lo que nos había ocurrido recientemente. Compartíamos anécdotas, desahogos, logros y frustraciones. Yo, sin darme mucha cuenta, respondía casi todo con humor. Me reía de cosas que antes me habrían molestado, comentaba desde la ligereza situaciones que en otro momento me habrían dejado pensando por días. Entonces uno de ellos me miró, sonrió y dijo: “La vieja tú ya estaría muy enojada”.  Me reí y asentí, porque tenía razón. La vieja yo se habría tomado todo demasiado en serio. Habría reaccionado, se habría encerrado en su mente, como si todo fuera muy personal, como si el mundo estuviera constantemente a punto de caerse. Y ahí me di cuenta. Algo cambió. Algo en mí, o quizás todo. Ahora que el dolor se esfumó, que el caos se tornó en calma, está saliendo una versión de mí que pensé que ya no existía. Una que se había es...

El reto del perdón

  No sé por dónde empezar bien, pero supongo que está bien si lo hago por el final, como me pasa a menudo. Estaba en busca del amor propio, después de haber experimentado todo tipo de amor, y descubrí que ese sentimiento fue el que finalmente me llenó. Pero ahora tengo un nuevo reto: el perdón. Hace unos días busqué redención en el único lugar donde el silencio de mi mente no me incomoda, donde puedo escuchar mis pensamientos sin sentirme una absoluta extraña: la iglesia. Mi paso iba a ser breve, pero algo me llevó a confesarme. Recordé las palabras de mi abuela: “Solo confiésate si estás arrepentida, si no vas a volver a pecar”. Desde que ella me dejo, nunca más quise enfrentarme a eso hasta esa tarde, luego de once largos años, lo hice, yo sola. Le conté al padre lo que me había dicho mi abuela, y él me preguntó: “¿Has venido arrepentida?” Las lágrimas comenzaron a brotar antes de que pudiera responder. Dije que sí, pero también que no. Expliqué mis motivos. Entonces me escuchó y...