Ir al contenido principal

Ramé

 La última tarde del verano mientras fumaba en la acera con una amiga fuera del trabajo, me contó una pequeña anécdota y esta se volvió tan familiar cuando dijo "osea no somos nada pero él no se" y como un flashback recordé aquello que yo permití y pude ver en sus ojos la ansiedad y el dolor que ese chico le causaba, me vi reflejada en ella y como si me abrazará a mí misma, la abrace fuerte, la deje desahogarse unos minutos y luego le dije aquello que me hubiera gustado que me digan a mí, que era una mujer sabia porque en verdad lo creía, que era una mujer bonita, porque lo es realmente pero sobretodo que es valiosa, a lo que ella me respondió "no entiendo porque no soy suficiente", las lagrimas querían desbordarse por mis mejillas pero no lo permití, porque entendí que eso no le serviría de nada a ella y que si Dios, el universo o como sea que se maneje el destino me habían hecho padecer todo lo que pase, era con un fin, así que le dije aquello que una noche me sirvió a mí ¿por que piensas que tú no eres suficiente? ¿no crees que son ellos tal vez los que no son suficientes para nosotras? ella me miro y luego se quedo observando el piso, podía sentir su dolor como mío y me sentí tan llena de coraje que intente hacer mil chistes con tal de apaciguar su sinsabor por el momento que estaba pasando. 

Al llegar a mi casa encontré un escrito que nunca le envié a mi estimado, porque no sentí necesario el hecho de que lo lea y es que conocía tan bien sus respuestas que ya hasta incluso me sentía cansada de sus respuestas tan mediocres, no podía más. 

"Me preguntas ¿que me sucede? y no puedo contener más mi rabia y mi frustración, me sucede que no me parece justo, nada, me sucede que ha pasado un mes y medio en los que yo sola he tenido que consolarme, en los que he llorado mares enteros, que rompí mi promesa de dejar de fumar porque no podia mas con la ansiedad de no escribirte, de no hablarte más, ¿sabes que me sucede? que me duele en el alma que tú intentes regresar a mi vida como si nada hubiera pasado, mientras que a mí me ha costado estar por fin sonriendo nuevamente, me sucede que aunque te haya dejado la puerta junta para que vuelvas como el perro que eres, ni siquiera hayas tenido la decencia de disculparte por nada, sucede que yo me permití ser vulnerable contigo y no te importo, sucede que nunca es suficiente para ti, que dijiste que no querías ser egoista y sigues siéndolo, sucede que ni te has inmutado en decirme para que regresas, solo vuelves como si nada e intentas desequilibrar todo por lo que he trabajado duro y aunque es poco, avance, reconocí y otra vez volvi a ser esa chica que por cierto nunca te tomaste la molestia en conocer. Sucede corazón que aunque me duela cada pedazo de todo, prefiero eso a tenerte en mi vida con tu mediocre amor, sucede que prefiero llorar todos los dias porque sé que no será eterno a soportar una y otra vez tu indecisión, sucede que ya no puedo más, ya no hay nada para ti, no me queda nada, por primera vez entiendo que mi cerebro va primero que mi corazón". 

La noche que yo deje aquel tormentoso amor, entendí dos cosas, la ansiedad del momento por saber que iba hacer se iba esfumar en cualquier momento y que lo bueno tarda en llegar, pero finalmente llega.

 Nunca me he sentido más fuerte y decidida que hoy en día, ya no discrimino a los chicos por su sexo como la vieja yo, me alegra y me enorgullece poder decir "no, no todos los hombres son iguales", el problema no soy yo, el problema es que escojo a personas que al igual que mi antigua yo no sabían lo que querían, el esperar que alguien me salve realmente fue muy tortuoso, no entendía hasta esa noche que yo podía salvarme sola, que yo soy capaz, que yo no sé como, pero puedo con todo . 

Esto ya no es una lección para mí si no para todo aquel que la lea, reconocer que estas mal emocionalmente es importante, te hace entender que aunque podamos con todo, en ocasiones está bien necesitar ayuda, y cuando una persona te diga que esta intentando sanar, abrázala, porque hay veces que no la pasa bien y es su fortaleza y su resiliencia la que la esta ayudando a sanar cosas que la vida le ha puesto para crecer.

Terminaré escribiendo que todos tenemos problemas y que nadie sabe por lo que pasa otra persona, que si puedes dar un consejo en base a tus vivencias, lo hagas, que si puedes enseñar porque tal vez la vida te premio con un poco más de conocimiento, enseñes, y que por fin si tienes la dulzura suficiente de ser amable, lo seas. 

No olviden su valor, no olviden su amor. 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Samsara

Mientras pasaban los días, me preguntaba qué sentía realmente. En medio del caos, de la pena, de la confusión, comencé a necesitar entender el origen del golpe que me dio esta situación. Una tarde, en terapia, Abi me dijo: —Una no puede entenderse si antes no ve de dónde viene ese dolor, esa frustración. ¿Es mi culpa? Tal vez. Cuando tenía seis años, recuerdo a mi papá rompiéndole la boca a mi hermano, o pegándole con una soga. Yo, inmóvil, paralizada por el miedo, por el dolor ajeno, por los gritos de él y los míos, sin poder hacer nada. Hablar de mi hermano es otro tipo de dolor. Así como alguna vez hablé de los tipos de amor, ahora quiero hablar de los tipos de dolor que he sentido a lo largo de mi vida. A los 16, vi a mi hermano mayor, mi superhéroe, mi mejor amigo empezar a perderse en un mundo tan oscuro que ni el sol de verano podía iluminarlo. No había claridad para él. Su dolor se convirtió en el mío. El dolor de mi mamá al verlo así también se volvió parte de mi cruz. A los 2...

Cigarette daydreams

Hace pocos días, mientras hablaba con unos viejos amigos, nos pusimos a recordar     como siempre pasa en esas conversaciones largas y llenas de pausas todo lo que nos había ocurrido recientemente. Compartíamos anécdotas, desahogos, logros y frustraciones. Yo, sin darme mucha cuenta, respondía casi todo con humor. Me reía de cosas que antes me habrían molestado, comentaba desde la ligereza situaciones que en otro momento me habrían dejado pensando por días. Entonces uno de ellos me miró, sonrió y dijo: “La vieja tú ya estaría muy enojada”.  Me reí y asentí, porque tenía razón. La vieja yo se habría tomado todo demasiado en serio. Habría reaccionado, se habría encerrado en su mente, como si todo fuera muy personal, como si el mundo estuviera constantemente a punto de caerse. Y ahí me di cuenta. Algo cambió. Algo en mí, o quizás todo. Ahora que el dolor se esfumó, que el caos se tornó en calma, está saliendo una versión de mí que pensé que ya no existía. Una que se había es...

El reto del perdón

  No sé por dónde empezar bien, pero supongo que está bien si lo hago por el final, como me pasa a menudo. Estaba en busca del amor propio, después de haber experimentado todo tipo de amor, y descubrí que ese sentimiento fue el que finalmente me llenó. Pero ahora tengo un nuevo reto: el perdón. Hace unos días busqué redención en el único lugar donde el silencio de mi mente no me incomoda, donde puedo escuchar mis pensamientos sin sentirme una absoluta extraña: la iglesia. Mi paso iba a ser breve, pero algo me llevó a confesarme. Recordé las palabras de mi abuela: “Solo confiésate si estás arrepentida, si no vas a volver a pecar”. Desde que ella me dejo, nunca más quise enfrentarme a eso hasta esa tarde, luego de once largos años, lo hice, yo sola. Le conté al padre lo que me había dicho mi abuela, y él me preguntó: “¿Has venido arrepentida?” Las lágrimas comenzaron a brotar antes de que pudiera responder. Dije que sí, pero también que no. Expliqué mis motivos. Entonces me escuchó y...