Ir al contenido principal

¿Una mamá?

 Nunca había entendido la frase que mi mamá decía a menudo "pase lo que pase, mi corazón es de mamá", porque no entendía como el corazón manda sobre la razón, hasta que callo sobre nuestra relación ese iceberg.

Ahora que me pongo a pensar, que gran coraje tienen las madres y me pregunto de dónde lo sacan, es decir todas las mamás sufren, antes creía que era desde que el bebé crecía por sus actitudes, pero ahora comprendo que es desde el segundo uno. que la vida se forma dentro de ellas, ya entiendo porque le dedican un día, ya mí parecer ahora me parece tan poco, debería ser una semana como mínimo y es que solo las mujeres saben por lo que se pasa, se puede expresar con palabras , el dolor, el sentimiento pero si no lo sienten, no es suficiente.

En particular puedo decir que mi mamá no es una mamá común, la evolución de mi mamá con el tiempo a sido única y es que en mi mente yo aún puedo verla como aquella jovencita que a veces se iba de fiesta, venía en la madrugada a echarse con nosotros ya la mañana siguiente estar como si nada riéndose y saltando con nosotros de un lado a otro, verla ahora ya adulta riéndose estruendosamente y engriéndose en ocasiones, hace que no me olvide que ella antes de ser mamá fue una chica como yo, libre, sin responsabilidades, viviendo la vida y que cambio todo eso por ser mi mamá, solo por eso y por todo lo que vivimos y por todo el apoyo que ella nos da aún cuando no somos los mejores hijos, me doy cuenta cuanto sentido tiene su frase y que gran mamá es mi mamá. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Samsara

Mientras pasaban los días, me preguntaba qué sentía realmente. En medio del caos, de la pena, de la confusión, comencé a necesitar entender el origen del golpe que me dio esta situación. Una tarde, en terapia, Abi me dijo: —Una no puede entenderse si antes no ve de dónde viene ese dolor, esa frustración. ¿Es mi culpa? Tal vez. Cuando tenía seis años, recuerdo a mi papá rompiéndole la boca a mi hermano, o pegándole con una soga. Yo, inmóvil, paralizada por el miedo, por el dolor ajeno, por los gritos de él y los míos, sin poder hacer nada. Hablar de mi hermano es otro tipo de dolor. Así como alguna vez hablé de los tipos de amor, ahora quiero hablar de los tipos de dolor que he sentido a lo largo de mi vida. A los 16, vi a mi hermano mayor, mi superhéroe, mi mejor amigo empezar a perderse en un mundo tan oscuro que ni el sol de verano podía iluminarlo. No había claridad para él. Su dolor se convirtió en el mío. El dolor de mi mamá al verlo así también se volvió parte de mi cruz. A los 2...

Cigarette daydreams

Hace pocos días, mientras hablaba con unos viejos amigos, nos pusimos a recordar     como siempre pasa en esas conversaciones largas y llenas de pausas todo lo que nos había ocurrido recientemente. Compartíamos anécdotas, desahogos, logros y frustraciones. Yo, sin darme mucha cuenta, respondía casi todo con humor. Me reía de cosas que antes me habrían molestado, comentaba desde la ligereza situaciones que en otro momento me habrían dejado pensando por días. Entonces uno de ellos me miró, sonrió y dijo: “La vieja tú ya estaría muy enojada”.  Me reí y asentí, porque tenía razón. La vieja yo se habría tomado todo demasiado en serio. Habría reaccionado, se habría encerrado en su mente, como si todo fuera muy personal, como si el mundo estuviera constantemente a punto de caerse. Y ahí me di cuenta. Algo cambió. Algo en mí, o quizás todo. Ahora que el dolor se esfumó, que el caos se tornó en calma, está saliendo una versión de mí que pensé que ya no existía. Una que se había es...

El reto del perdón

  No sé por dónde empezar bien, pero supongo que está bien si lo hago por el final, como me pasa a menudo. Estaba en busca del amor propio, después de haber experimentado todo tipo de amor, y descubrí que ese sentimiento fue el que finalmente me llenó. Pero ahora tengo un nuevo reto: el perdón. Hace unos días busqué redención en el único lugar donde el silencio de mi mente no me incomoda, donde puedo escuchar mis pensamientos sin sentirme una absoluta extraña: la iglesia. Mi paso iba a ser breve, pero algo me llevó a confesarme. Recordé las palabras de mi abuela: “Solo confiésate si estás arrepentida, si no vas a volver a pecar”. Desde que ella me dejo, nunca más quise enfrentarme a eso hasta esa tarde, luego de once largos años, lo hice, yo sola. Le conté al padre lo que me había dicho mi abuela, y él me preguntó: “¿Has venido arrepentida?” Las lágrimas comenzaron a brotar antes de que pudiera responder. Dije que sí, pero también que no. Expliqué mis motivos. Entonces me escuchó y...